El Volcán de oro
El Volcán de oro —No te inquietes por nada, Summy. Yo me encargo de todo y no tendrás más que subirte en el tren en Montreal y bajarte en Vancouver. En lo que respecta a nuestros preparativos, no serán los del emigrante que se lanza a la aventura en una comarca remota llevándose consigo un material considerable. El nuestro está todo allÃ. Lo encontraremos en la parcela 129 de Forty Miles Creek. Únicamente nos tendremos que preocupar de nuestro transporte.
—Pero eso es bastante —respondió Summy Skim—, y merece la pena que se tomen algunas precauciones, sobre todo contra el frÃo. ¡Brrrr! Se me están congelando hasta las uñas.
—Vamos, Summy, cuando lleguemos a Dawson City estaremos en pleno verano.
—Si pudiéramos regresar antes del invierno…
—Puedes estar tranquilo —respondió Ben Raddle—. No te faltará nada ni siquiera en invierno. Buena ropa, buenos alimentos… Volverás más gordo que al partir.
—¡Ah, no! No pido tanto —respondió Summy Skim, que habÃa tomado la buena decisión de resignarse—. Te prevengo que con que engorde diez libras, me quedo.
—Bromea, Summy, bromea todo lo que quieras, pero ten confianza.