El Volcán de oro
El Volcán de oro —SÃ, de acuerdo, la confianza es obligatoria. El dÃa 2 nos pondremos en marcha a tÃtulo de buscadores de Eldorado, ¿no es asÃ?
—SÃ, el dÃa 2 de abril; creo que me dará tiempo para todos nuestros preparativos.
—Pues bien, Ben, ya que me quedan quince dÃas por delante, voy a pasarlos en el campo.
—De acuerdo —dijo Ben Raddle—, pero todavÃa no hace buen tiempo en Green Valley.
Summy hubiera podido responder que en cualquier caso el tiempo serÃa mejor que en Klondike. Además, aunque el invierno aún no hubiera terminado, le darÃa mucho gusto encontrarse durante algunos dÃas rodeado de sus granjeros, volver a ver sus campos, incluso blancos de nieve, los hermosos bosques cargados de escarcha, los rÃos de los alrededores acorazados por el hielo y la masa solidificada de las presas en las orillas del San Lorenzo. Y cuando hace mucho frÃo, no le falta ocasión al cazador de abatir algunas piezas soberbias, de pelo o de pluma, sin hablar de las fieras: osos, pumas y demás, que merodean por los alrededores. Era como un adiós que Summy Skim querÃa dirigir a todos los habitantes de la región. Se iba para un viaje quizá de larga duración. ¿Quién podrÃa predecir la fecha de su retorno?
—DeberÃas acompañarme, Ben —dijo.
—¿Qué dices? —respondió el ingeniero—. ¿Y quién se ocupará de los preparativos de la salida?