El Volcán de oro
El Volcán de oro —¿Han hecho alguna alusión al Golden Mount? —preguntó Ben Raddle.
—Sí —respondió Summy Skim—. Ese Hunter añadió al poco rato: «Además, el Golden Mount del que los indios hablan tan a menudo y que nuestro guía Krasak conoce no debe de estar muy lejos de aquí, en la orilla del océano Ártico, y aunque tengamos que recorrer el litoral desde la punta de Barrow hasta la bahía del Hudson, acabaremos por descubrirlo».
El ingeniero seguía pensativo. Lo que tanto se temía se había producido. El francés Jacques Laurier no era el único que conocía la existencia del Golden Mount. Un indio, aquel tal Krasak, había debido revelar su existencia a los tejanos, y éstos no tardarían en estar seguros sobre su situación, sin tener necesidad de recorrer todo el litoral Ártico. ¡Divisarían el volcán en cuanto pusieran los pies fuera del bosque en el que estaban acampando! Verían los vapores y las llamas que formaban torbellinos por encima del cráter. En una hora alcanzarían la base del Golden Mount y cuando llegaran cerca del campamento que ocupaban sus antiguos vecinos de la parcela 127 de Forty Miles Creek, ¿qué sucedería?
Se dirigió a Summy Skim:
—¿Has dicho que Hunter venía acompañado por una banda numerosa?