El Volcán de oro
El Volcán de oro —Es probable —declaró Ben Raddle—. No es posible que no lo hayan divisado.
—De todas formas estaremos prevenidos contra cualquier sorpresa —dijo Bill Stell.
Después de haber constatado por última vez que la llanura estaba desierta, Ben Raddle, Summy Skim, Bill Stell y Lorique regresaron al campamento, y cuando anocheció Bill Stell ya habÃa tomado todas las precauciones necesarias para pasar la noche.
Nada los perturbó aquella noche. Pero, aunque Summy Skim durmió de un tirón según su costumbre, Ben Raddle pudo disfrutar apenas de unas horas de sueño. En su espÃritu se mezclaban la irritación y la inquietud. La irritación, sÃ, porque en el momento en que iba a alcanzar sus objetivos, la suerte se declaraba en su contra. La inquietud también, porque no le cabÃa la menor duda de que el Golden Mount iba a ser duramente disputado, ¿podrÃa resistir a la banda de Hunter? HabÃa cargado con muchas responsabilidades y en aquel momento sentÃa todo su peso.