El Volcán de oro
El Volcán de oro —¡Es el mismo que vi en el claro del bosque! —respondió Summy Skim.
Al verlos en el borde de la altiplanicie le vino al pensamiento la idea de que les podÃa fallar el equilibrio y que si se caÃan desde ochocientos o novecientos pies de altura la situación se simplificarÃa y probablemente serÃa su desenlace. Después de la muerte de sus jefes la banda abandonarÃa el terreno.
No fueron los dos tejanos los que se precipitaron de lo alto del volcán, sino un bloque bastante grande de cuarzo que se despegó del borde. Tuvieron que retroceder apresuradamente a fin de que el bloque no los arrastrara.
En su caÃda, el bloque de roca encontró un saliente contra el que se rompió en varios pedazos, y aquellos pedazos fueron a caer entre los árboles que abrigaban el campamento.
Summy Skim no pudo retener un grito que Ben Raddle ahogó poniéndole la mano sobre la boca.
—¡Cállate, Summy! ¡Cállate!
—¡Espero que ninguno de nuestros compañeros haya sido aplastado!