El Volcán de oro
El Volcán de oro Media hora después, Hunter, Malone y sus compañeros daban la vuelta al ángulo del monte. Unos recorrieron su base con pasos cortos, los otros avanzaron hasta el río, donde bajaron por la orilla izquierda, con las armas listas para echárselas al hombro, con el revólver ajustado en la faja roja que les ceñía los riñones.
La mayoría de aquellos hombres eran los mineros que Ben Raddle, Summy Skim, Lorique y Neluto habían visto trabajar en la parcela 127 de Forty Miles Creek, es decir, unos treinta, sin contar a unos veinte indios que Hunter había contratado en Circle City y en Fort Yukon para aquella campaña en el litoral del océano Ártico.
Toda la banda se reunió cuando alcanzaron la orilla en la que Hunter y Malone se habían detenido.
Ambos, con el capataz, entablaron una conversación que debía ser bastante viva, a juzgar por la violencia de sus gestos. No podían dudar que detrás de aquellos árboles existía un campamento, y sus manos señalaban en aquella dirección. Pero lo que parecía causarles una verdadera decepción era aquel canal, que les suponía un obstáculo bastante difícil de salvar si estallaba fuego de fusilería sesenta pasos más allá.