El Volcán de oro
El Volcán de oro —Antes de una hora estarán aquà —dijo Lorique.
—Es evidente que conocen nuestro campamento —respondió Summy Skim.
—Y vienen a atacarlo —añadió el Explorador.
—Si esperara aquà a que ese Hunter estuviera al alcance de mi fusil lo saludarÃa con un tiro —exclamó Summy Skim—. A cien pasos estoy seguro de que caerÃa como un pato.
—No, regresemos —ordenó Ben Raddle.
En resumen, era la decisión más sensata porque la muerte del tejano no hubiera impedido que los otros atacaran.
Ben Raddle, Summy Skim, el Explorador y Lorique regresaron, pues, al canal seguidos de sus hombres. En cuanto hubieron franqueado los obstáculos uno tras otro, se cerró la abertura que se habÃa preparado en la barricada con las piedras dispuestas a ese efecto. No quedó ninguna comunicación entre las dos orillas del canal.
Todos se retiraron entonces unos sesenta pies detrás de los primeros árboles donde estarÃan al abrigo si se llegaba a los primeros disparos, lo cual parecÃa muy probable. Las armas estaban cargadas y esperaron.
Además, siguiendo el consejo del Explorador, habÃa que dejar que la banda se acercara hasta el canal, y no intervenir hasta el momento en que intentaran cruzarlo.