El Volcán de oro
El Volcán de oro En el instante en que llegaba, Summy Skim le señaló al Explorador, que volvÃa apresuradamente, y los dos primos salieron a su encuentro hasta la presa.
—¡Ya vienen! —exclamó Bill Stell.
—¿Están todavÃa lejos? —preguntó el ingeniero.
—Alrededor de media legua —respondió el Explorador.
—¿Nos queda tiempo para salir de reconocimiento? —preguntó Lorique.
—Sà —respondió Bill Stell.
Al momento, los cuatro franquearon el canal y alcanzaron rápidamente el lugar donde se encontraban algunos hombres en vigilancia.
Les resultaba fácil, sin dejarse ver, alcanzar con la mirada toda aquella parte de la llanura que limitaba con la base del Golden Mount.
A lo largo de aquella base avanzaba una tropa compacta. Toda la banda debÃa de estar allÃ. Se veÃa relucir el cañón de los fusiles. Por lo demás, no habÃa ni carretas ni caballos. Todo el material habÃa sido dejado en el lugar de acampada donde los tejanos se habÃan instalado desde hacÃa dos dÃas.
Hunter, Malone y el capataz marchaban en cabeza. Avanzaban con cierta prudencia, deteniéndose a veces, alejándose incluso algunos centenares de pasos con el fin de examinar la cima del Golden Mount.