El Volcán de oro
El Volcán de oro Hacia la una, Bill Stell cruzó la presa y se acercó a los hombres que observaban los alrededores.
Durante su ausencia, Ben Raddle regresó con Lorique al macizo de árboles desde donde habÃa visto a Hunter y Malone en el borde de la altiplanicie. Desde allà eran visibles las humaredas del volcán, porque se elevaban a unos cincuenta pies por encima el cráter, formando grandes torbellinos. A veces, incluso, se escapaban algunas llamas que alcanzaban también esa altura. La intensidad del fuego interior se manifestaba más violentamente. ¿HabÃa razones para pensar que la erupción no tardarÃa en producirse, quizá tan sólo después de algunos dÃas?
Aquella circunstancia hubiera resultado muy lamentable, muy enojosa para los proyectos del ingeniero. En efecto, el volcán arrojarÃa con sus lavas y sus escorias las materias aurÃferas, pepitas y polvo de oro, y a los tejanos les bastarÃa con darse el trabajo de recogerlo. La erupción se producirÃa en beneficio de Hunter, ¿y cómo podrÃa Ben Raddle disputarle aquella posesión? La partida quedarÃa irrevocablemente perdida. En el campamento, la caravana tenÃa algunas posibilidades de éxito. En campo raso le serÃa imposible luchar con cierta ventaja.
El ingeniero regresó muy inquieto, pero comprendÃa perfectamente que no habÃa nada que hacer contra aquella eventualidad.