El Volcán de oro
El Volcán de oro Mientras algunos hombres permanecĂan de vigilancia en el exterior, los demás, esperando a que llegara el turno de relevarlos, almorzaban bajo los árboles. Ben Raddle, Summy Skim y el Explorador compartieron su comida. La pesca habĂa sido abundante los dĂas precedentes y las conservas estaban todavĂa intactas. Se habĂa encendido una fogata, lo cual no representaba ningĂşn inconveniente, ya que el campamento habĂa sido descubierto, y el humo se escapaba libremente entre los ramajes.
El almuerzo no se vio alterado en modo alguno, y cuando regresaron los hombres de guardia que habĂan sido relevados, no señalaron que hubiera indicios de que la banda estuviera en las cercanĂas.
—Quizá esos bribones prefieran asaltarnos de noche —dijo Summy Skim.
—La noche dura apenas dos horas —respondió Ben Raddle—. Y no esperan ya sorprendernos.
—¿Por qué no, Ben? Quizá creen que ignoramos su presencia en el Golden Mount. No saben que los hemos visto cuando se acercaron al borde de la altiplanicie.
—Es posible —declaró el Explorador—. Pero han visto el caballo que escapó. Un perro en el bosque, luego un caballo a través de la llanura, es más que suficiente para tener la certeza de que hay una caravana acampando en estos parajes. Por ello, creo que tenemos que esperar su visita, ya sea esta tarde, ya sea esta noche.