El Volcán de oro
El Volcán de oro A medida que el tren se alejaba cada vez más de Montreal y de Green Valley, Summy Skim se decÃa y se repetÃa a sà mismo: «En verdad, el tÃo Josias hubiera debido intentar hacer fortuna aquà en Caribú, ¡asà ya habrÃamos llegado! En estos momentos ya conocerÃamos el valor de su explotación, habrÃamos recibido el dinero en veinticuatro horas y nuestra ausencia no hubiera durado más de una semana».
SÃ, en efecto, pero sin duda estaba escrito en el gran libro del destino que Summy Skim se aventurarÃa hasta el fondo de aquella aterradora región de Klondike y que hundirÃa sus pies en el barro de Forty Miles Creek.
El tren prosiguió, pues, hacia la frontera litoral de la Columbia, corriendo en sentido oblicuo hacia el sudoeste. Aquella parte del viaje de cuatro mil seiscientos setenta y cinco kilómetros no se vio marcada por ningún incidente, y seis dÃas más tarde, los dos primos dejaban el vagón de la Canadian Pacific Railroad y ponÃan por fin pie en Vancouver.