El Volcán de oro

El Volcán de oro

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—¡Vaya! ¡Si es ese condenado de Hunter! ¡Pues bien, esta noche va a haber jaleo en los garitos si no se va hoy de Vancouver!

Summy Skim comprendió que Hunter era muy conocido, pero no para ventaja suya. Debía de tratarse de uno de esos aventureros que después de haber pasado la buena estación en Klondike, había vuelto a su país esperando la época favorable para volver a empezar una nueva campaña.

En efecto, Hunter, uno de esos tipos violentos, de sangre americana mezclada con sangre española, regresaba de Texas, su lugar de origen. Aquel mundo tan diverso de los buscadores de oro le proporcionaba exactamente el medio que convenía a sus instintos de tunante, a sus costumbres odiosas, a sus pasiones brutales, a su gusto por la existencia irregular en la que todo se deja al azar. Efectivamente, llegaba aquel día a Vancouver con su compañero para esperar al Foot-ball. Pero enterándose de que el paquebote no aparecería antes de treinta y seis o cuarenta y ocho horas, hizo que le condujeran al Westminster Hotel, donde Summy Skim y Ben Raddle estaban alojados desde hacía seis días[7].

Ciertamente no había motivos para felicitarse de que les fuera impuesta la presencia de tal sujeto. Pero harían todo lo posible por evitarlo, tanto durante su permanencia en el hotel como durante la travesía de Vancouver a Scagway.


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