El Volcán de oro
El Volcán de oro Como puede apreciarse, aquel Hunter y aquel Malone —asà se llamaba el otro— no regateaban los precios. Eran gente de gastarse todo lo que ganaban —y era mucho, en la explotación de su parcela—, como jugadores manirrotos y degenerados, habituales de los garitos cuyo número tendÃa a ir creciendo en aquel ambiente equÃvoco de Dawson City. Como el Foot-ball poseÃa un salón de […] y de póquer, sin duda pasarÃan en él largas horas. Por otro lado, la mayorÃa de los pasajeros no tenÃa ninguna gana de frecuentarlos, y tampoco ellos buscaban frecuentar a nadie.
Desde las seis de la mañana, después de haber salido del puerto y de la bahÃa de Vancouver, el Foot-ball tomó el canal por rumbo para alcanzar la punta septentrional de la isla. A partir de aquel punto, sólo le quedaba remontar la lÃnea de costa americana, al abrigo de las islas de la Reine-Charlotte y del PrÃncipe de Gales.