Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -Es evidente, capitán. En cuanto a la suerte de los sobrevivientes de la Jane, si fueron hechos prisioneros de nuevo por los indÃgenas de Tsalal, o si están libres, nada dicen las notas de Patterson, ni de las circunstancias por las que fue arrastrado lejos de ellos.
-Esto... lo sabremos..., señor Jeorling... SÃ... Lo sabremos... Lo esencial es que tengamos la seguridad de que mi hermano y cinco de los marineros de la Jane estaban vivos, hace menos de cuatro meses, sobre una parte cualquiera de la isla Tsalal. Al presente no se trata de una novela formada por Edgard Poe, sino de una verÃdica relación firmada por Patterson.
-Capitán-dije yo entonces-, ¿quiere usted que lo sea de los suyos hasta el fin de la campaña de la Halbrane por los mares antárticos?
El capitán Len Guy clavó en mà una mirada penetrante, como la hoja de un puñal. No pareció sorprendido por la proposición que yo acababa de hacerle, que esperaba tal vez, y no pronunció más que estas palabras:
-Con mucho gusto.
IX