Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos - Paga doble, señor Jeorling... El mismo aumento tendrá la actual tripulación.
-Ya sabe usted, capitán, que yo estoy dispuesto..., que deseo contribuir a los gastos de esta expedición... ¿Quiere usted considerarme como socio?
-Ya arreglaremos eso, señor Jeorling, y le quedo muy agradecido. Lo esencial es que nuestro armamento quede completo en un breve plazo. Es preciso que dentro de ocho dÃas estemos en disposición de aparejar.
La noticia de que la goleta iba a aventurarse al través de los mares de la Antártida habÃa producido cierta sensación en las Falklands, en Port-Egmont, como en los diversos puertos de la Soledad. En aquella época habÃa gran número de marinos sin ocupación, de los que esperan a paso de los balleneros para ofrecer sus servicios, bien retribuidos generalmente.
A no tratarse más que de una campaña de pesca en los lÃmites del cÃrculo polar, entre las Sandwich y la Nueva Georgia, el capitán Len Guy no hubiera encontrado más dificultades que las de la elección. Pero ir a parajes tan lejanos, avanzar más que ningún navegante lo habÃa hecho, aunque esto fuera con el objeto de ir en socorro de náufragos, era cosa para hacer pensar mucho y dudar a la mayor parte.