Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Aunque aquellos parajes, situados mas allá del círculo polar, hubieran sido profundamente conmovidos por la borrasca, justo era reconocer que hasta entonces nuestra navegación se había efectuado en condiciones excepcionales.
¡Y feliz circunstancia si la Halbrane, en aquella primera quincena de Diciembre, iba a encontrar abierto el camino de Weddell!
Y, en verdad, que digo el camino de Weddell como si se tratase de un camino terrestre, bien conservado, con sus piedras milliarias y con está inscripción sobra un poste indicador: «Camino del polo Sur.»
Durante el día 10, la goleta pudo sin dificultad maniobrar entre los témpanos abandonados, llamados floes y brashs. La dirección del viento la permitió seguir la línea recta entre los pasos. Aunque faltaba todavía un mes para la época de la disgregación total, el capitán Len Guy, habituado a estos fenómenos, afirmaba que lo que de ordinario se produce en Enero se iba a producir esta vez en Diciembre. Evitar las numerosas masas errantes no dio gran trabajo a la tripulación. Las verdaderas dificultades no aparecerían hasta el día, ya próximo, en que la goleta procurase abrirse paso al través del banco.