Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Gran sorpresa me produjo lo que acababa de oír. Sin embargo, observando con atención, pude asegurarme de que, en efecto, Hunt evitaba toda ocasión de estar en contacto con nuestro maestro velero. ¿No creía tener derecho a la gratitud de Martín Holt, aunque éste le debiese la vida? Seguramente, tal conducta era bien extraña.
En la tarde del 8, el viento indicó tendencia a remontar hacia el Este, lo que, debía traer un favorable cambio de tiempo. De ser así, la Halbrane podía ganar lo perdido y volver a tomar su itinerario sobre el meridiano 43. Entretanto, aunque la mar continuó dura, el velamen pudo ser aumentado sin riesgo a las dos de la mañana. De este modo, bajo la mesana-goleta, y la cangreja a dos rizos, la trinqueta y el pequeño foque, la Halbrane, amuras a babor, se aproximó al camino, del que la tormenta la había alejado. En esta parte de la mar antártica, los témpanos derivan en mayor número, y había motivo para pensar que la tempestad, apresurando el deshielo, había tal vez roto hacia el Este las barreras del banco de hielo.
XIII