Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Y la existencia de estas tierras polares, ¿no es, en suma, lo que impide las tentativas de los descubridores para elevarse a los polos ártico o antártico? ¿No dan a las montañas de hielo sólido punto de apoyo, del que aquellas se separan en la época del deshielo? Si los parajes boreales y australes sólo por las aguas estuvieran cubiertos, ¿hubieran tal vez sabido encontrar paso los navíos?
Puédese, pues, afirmar que cuando penetró hasta el paralelo 83 el capitán William Guy de la Jane, guiárale su instinto de navegante o la casualidad, había debido remontar al través de algún ancho brazo de mar.
No dejó nuestra tripulación de impresionarse al ver que la goleta se aventuraba por entre aquellas movibles masas, los tripulantes nuevos sobre todo. Verdad que la costumbre no tardó en acabar con la sorpresa.
Lo que convenía organizar con el mayor cuidado era una incesante vigilancia, para lo cual Jem West hizo izar un tonel lo que se llama un nido de pie-a la punta del palo de mesana, y allí hubo un vigía en constante guardia.