Esfinge de los hielos

Esfinge de los hielos

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La jornada del 16 exigió minuciosas e indispensables precauciones, pues el timón, quebrantado por incontables choques, corría el riesgo de ser desmontado. Al mismo tiempo habíanse producido varios choques por los restos pequeños, más peligrosos que los grandes bloques. No obstante, la solidez de la Halbrane alejaba el peligro de que fuera desfondada.

Respecto al safre del timón, Jem West le hizo meter entre dos gimelgas, consolidándole con berlingas aplicadas a la espiga, lo que debía preservarle. Los mamíferos marinos no habían abandonado aquellos parajes, cubiertos de masas flotantes de todas formas y dimensiones. Las ballenas mostrábanse en gran número: y Â¡qué mágico espectáculo cuando las columnas de agua se escapaban por los agujeros de sus fauces!

Con los fin-backs y los hum-backs aparecían marsuinos de talla colosal, de varios centenares de libras de peso, a los que Hearne hería diestramente con su arpón cuando se ponían a tiro. Estos marsuinos eran siempre bien recibidos y apreciados después de haber pasado por las manos de Endicott, hábil confeccionador de salsas.



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