Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos En lo que este hombre-de alma de marino-se mostraba más útil, era cuando se trataba de llevar un calabrote a algún témpano y fijarlo allí, por medio de un ancla, para unirle al cabestrante, a fin de que la goleta, empujada lentamente, consiguiese doblar el obstáculo. Hunt se arrojaba en la canoa, la dirigía al través de los témpanos y desembarcaba en la superficie resbaladiza. Así es que el capitán Len Guy y su tripulación consideraban a Hunt como a un marinero excepcional. Pero lo que había de misterioso en su persona no dejaba de excitar en alto grado la curiosidad.
Más de una vez sucedió que Hunt y Martín Holt embarcaron en el mismo bote para efectuar alguna peligrosa maniobra que desempeñaban juntos. Si el maestro velero le daba una orden, Hunt la ejecutaba con tanto celo como pericia. Solamente que jamás le respondía.
En aquella época la Halbrane no podía estar muy lejos del banco. Si continuaba su camino en tal dirección no tardaría en llegar a aquel, y no tendría más que buscar paso. Sin embargo, hasta entonces, por cima de los témpanos el vigía no había podido aun notar una cresta ininterrumpida de hielo.