Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Aquel día habíamos visto uno de estos ice-fields, animado de mediana velocidad, chocar contra otro que estaba inmóvil. Pues bien: fue herido por sus aristas, agitado terriblemente, casi hundido. No se vio más que enormes restos subiendo unos sobre otros, hummocks que se elevaban a 100 pies de altura; calfs emergiendo bajo las aguas. ¿A quién podría sorprender el caso, si el peso del ice-fields que abordó al otro ascendía a varios millones de toneladas? Veinticuatro horas transcurrieron en estas condiciones. La goleta se mantenía a tres o cuatro millas del banco. Acercarse mas hubiera sido aventurarse al través de sinuosidades de las que no se hubiera podido salir. No porque le faltase deseo al capitán Len Guy.