Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -Exactamente, señor Jeorling; y si se nos propusiera ir a algunos grados más allá de la isla Tsalal, no serÃa yo el que me negase.
-No creo que el capitán piense nunca...
-Ni yo-respondió el contramaestre-, e imagino que, en cuanto recoja a su hermano y a los marineros de la Jane, se apresurará a conducirlos a Inglaterra.
-Es lo más probable y lo más lógico, Hurliguerly. Además, que si los tripulantes antiguos son gente dispuesta a ir donde se les lleve, creo que los nuevos rehusarÃan. No han sido reclutados para una campaña tan larga y tan peligrosa como la que les arrastrarÃa hasta el polo.
-Tiene usted razón, señor Jeorling, y para decidirlos serÃa preciso el cebo de una buena prima por cada paralelo franqueado más allá de la isla Tsalal.
-Y aun asà no es seguro que fueran-respondÃ.
-No, pues Hearne y los reclutados en las Falklands, que forman la mayorÃa a bordo, esperaban que no se llegarÃa a franquear el banco de hielo y que la navegación no pasarÃa del cÃrculo antártico. ¡Ya se quejan al verse tan lejos! En fin, no sé el giro que tomarán las cosas, pero ese Hearne es hombre sospechoso y yo le vigilo.