Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos ¡La Jane de Liverpool! ¡La goleta mandada por el capitán William Guy! ¿Qué importaba que el tiempo hubiese borrado las otras letras? Lo que quedaba, ¿no era suficiente para indicar el nombre del navío y el de su puerto de atraque?
¡La Jane de Liverpool!
El capitán Len Guy había cogido la tabla entre sus manos, y apoyó en ella los labios, mientras que una gruesa lágrima caía de sus ojos.
Era uno de los restos de la Jane, uno de aquellos que la explosión había dispersado, y llevado allí ya por las contracorrientes, ya por un témpano. Yo, sin pronunciar palabra, dejaba que se calmase la emoción del capitán Len Guy.
Respecto a Hunt, nunca había visto que de sus ojos se escapase mirada tan resplandeciente mientras observaba el horizonte del Sur. El capitán se levantó. Hunt, siempre en silencio, colocó la tabla sobre su espalda y continuamos nuestro camino.