Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -Esté usted tranquilo, capitán.
-Vamos a embarcarnos, y procuraremos tocar en el pueblo Klock-Klock. Si ocurriera algún incidente, avísanos con tres cañonazos.
-Conforme. Tres cañonazos con intervalo de un minutorespondió el lugarteniente.
-Si antes de la tarde no hemos vuelto, envía la segunda canoa, bien armada, con diez hombres, a las órdenes del contramaestre, los cuales se situarán a una encabladura de la ribera para recogernos.
-Así lo haré.
-En ningún caso abandonarás la goleta, Jem...
-En ningún caso.
-Si no volvemos, después de que tú hayas hecho cuanto esté en tu mano, tomarás el mando de la goleta y volverás a las Falklands.
-Convenido.
El bote mayor fue preparado al instante. Ocho hombres embarcaron en él, sin contar a Martín Holt y a Hunt, todos ellos armados de fusiles y pistolas, la cartuchera llena y el cuchillo al cinto.
En este momento me adelanté y dije:
-¿Me permitiría usted que la acompañase a tierra, capitán?...
-Si lo desea usted, señor Jeorling...