Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Volví a mi camarote y tomé mi fusil-un fusil de caza de dos tiros-la pólvora, el saco de plomo, algunas balas, y me reuní con el capitán Len Guy, que me había reservado un puesto en la popa.
La embarcación, vigorosamente empujada, se dirigió hacia el arrecife, a fin de descubrir el paso por el que Arthur Pym y Dirk Peters le habían franqueado el 19 de Enero de 1828 en el bote de la Jane.
En este momento fue cuando los salvajes habían aparecido en sus largas piraguas, y cuando William Guy les había mostrado un pañuelo blanco en señal de amistad; respondiendo ellos con los gritos de anamoo-moo y lama-lama, permitiéndoles el capitán ir a bordo con su jefe Too-Witt. Arthur Pym declara que entonces se establecieron relaciones de amistad entre aquellos salvajes y los tripulantes de la Jane. Se convino que a la vuelta de la goleta, que iba hacia el Sur, se embarcaría en ella un cargamento de escombros de mar. Algunos días después, el lº de Febrero, como se sabe, el capitán William Guy y treinta y uno de los suyos fueron víctimas de una asechanza en la quebrada de Klock-Klock, y de los seis hombres que quedaran guardando la Jane, destruida por la explosión, no se salvó uno.