Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Y en el interior de la isla, como en la ribera, ningún ser humano.
En medio de aquella desolación, ¿quedaban aun probabilidades de encontrar a William Guy y a los sobrevivientes de la Jane?
Miré al capitán Len Guy. Su rostro pálido, su frente cruzada por hondos pliegues, decían claramente que la esperanza comenzaba a abandonarle.
Llegamos, al fin, al valle, en el que en otra época estaba situado el pueblo de Klock-Klock. Allí, como en el resto de la comarca, completo abandono. Ni un habitante, ni aquellos yampoos, formados con una piel negra sobre el tronco de un árbol cortado a cuatro pies de tierra, ni aquellas barracas construidas de ramas cortadas, ni aquellos agujeros de trogloditas formados en la colina. ¿Y dónde estaba aquel arroyo que descendía por las pendientes con su agua mágica, rodando por un cauce de arena negra?