Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Y en nuestro caso, ¡cuántos navegantes hubieran tenido corazón para resolver el problema geográfico del polo austral! En efecto: la Halbrane había avanzado más allá de las regiones visitadas por los navíos de Weddell, puesto que la isla Tsalal estaba situada a menos de 7º del punto en que se cruzan los meridianos. Ningún obstáculo parecía oponerse a que ella pudiera elevarse a las últimas latitudes. Gracias a la estación excepcional, ¿vientos y corrientes la conducirían tal vez a la extremidad del eje terrestre, del que no estaba alejada más que 400 millas? Si la mar libre se extendía hasta allí, la cosa sería cuestión de unos días. Si existía un continente, de algunas semanas. Mas en realidad nadie de nosotros pensaba en el polo Sur, y no era para llegar a él por lo que la Halbrane había afrontado los peligros del Océano antártico. Además, admitiendo que el capitán Len Guy, deseoso de llevar más lejos sus investigaciones, hubiera obtenido la aquiescencia de Jem West, del contramaestre y de los antiguos tripulantes de la Halbrane, ¿hubiera podido decidir a los veinte reclutados en las Falklands, cuyas malas disposiciones fomentaba sin cesar Hearne? No. Era imposible. Ellos se hubieran seguramente negado a aventurarse más en los mares antárticos, y ésta debía de ser una de las razones por la que nuestro capitán, había tomado la resolución de volver hacia el Norte a pesar del profundo dolor que por ello experimentaba.