Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -¡Nadie!-repitió Hunt-¡Nadie! El mestizo no encontró un solo indígena.
-¿Y qué hizo entonces Dirk Peters? preguntó el contramaestre.
-¡Compréndanme!-respondió Hunt.
-Allí había una canoa abandonada, en el fondo de la bahía..., conteniendo carne seca y varios barriles de agua dulce. El mestizo se arrojó en ella. Un viento del Sur... sí, del Sur, muy vivo-el que con la contracorriente lo llevó sobre el témpano a la isla Tsalal-le arrastró durante semanas y semanas por el lado del banco de hielo, que pudo atravesar por un paso. Créanme, porque no hago más que repetir lo que Dirk Peters me ha dicho cien veces. ¡Sí! Un paso... y franqueó el círculo polar.
-¿Y después?-pregunté.