Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -Después fue recogido por un ballenero americano, el Sandy Hook, y conducido a América. He aquí, pues, suponiendo verídica la relación de Hunt-y era posible que lo fuera,-de qué manera se había desenlazado, al menos en lo que a Dirk Peters concernía, aquel terrible drama de las regiones antárticas. De vuelta en los Estados Unidos, el mestizo se había puesto en relaciones con Edgard Poe, entonces editor del Southern Literary Messenger, y de las notas de Arthur Pym había salido aquella prodigiosa relación, no imaginaria, como hasta entonces se había creído, y a la que faltaba el supremo desenlace. La parte imaginativa de esta obra estaba sin duda en las extrañas singularidades señaladas en los últimos capítulos, a menos que, presa del delirio de las últimas horas, Arthur Pym hubiera creído ver aquellos prodigiosos sobrenaturales fenómenos a través de la cortina de vapores. Fuera lo que fuera, lo cierto era que Edgard Poe no había visto nunca a Arthur Pym; y queriendo dejar a los lectores en una incertidumbre sobrexcitante, le había hecho morir de aquella muerte tan repentina como deplorable, cuya naturaleza y causa no indicaba.
Ahora bien: si Arthur Pym no había vuelto, ¿podía razonablemente admitirse que no hubiera sucumbido en breve espacio, después de ser separado de su compañero? ¿Que viviría aun aunque hubiesen transcurrido once años desde su desaparición?
-¡Sí!... ¡sí!... - respondió Hunt.