Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos En efecto: el mestizo había cambiado con la edad, la experiencia, los golpes de la vida, las terribles escenas en que había tomado parte-incidentes como decía Arthur Pym«completamente fuera del registro de la experiencia, y que traspasaban los límites de la credulidad de los hombres». Sí. La ruda lucha de las pruebas sufridas había desgastado el espíritu de Dirk Peters. ¡No importa! Era siempre el fiel compañero al que Arthur Pym había debido a menudo su salvación; aquel Dirk Peters que le amaba como a un hijo, y que nunca había perdido la esperanza de volverle a encontrar algún día en las espantosas soledades de la Antártida. Ahora bien: ¿por qué Dirk Peters se ocultaba en las Falklands bajo el nombre de Hunt? ¿Por qué desde su embarco en la Halbrane había procurado conservar su incógnito? ¿Por qué no había dicho quién era, puesto que conocía las intenciones del capitán Len Guy, cuyos esfuerzos todos tendían a salvar a sus compatriotas, siguiendo el itinerario de la Jane?
¿Por qué? Sin duda porque temía que su nombre inspirase horror. ¿No era él el hombre que se había mezclado a las espantosas escenas del Grampus, el que había muerto al marinero Parker, quien se había alimentado de la carne de éste y bebido de su sangre? Para que revelase su nombre preciso era que esperase que, gracias a su revelación, la Halbrane intentaría encontrar a Arthur Pym.