Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Después de haber vivido durante algunos años en Illinois, el mestizo se había instalado en las Falklands con el único objeto de aprovechar la primera ocasión que se ofreciera para volver a los mares antárticos. Al embarcarse en la Halbrane, ¿contaba con decidir al capitán Len Guy, cuando éste hubiera recogido a sus compatriotas en la isla Tsalal, a elevarse a más altas latitudes, prolongando la expedición en beneficio de Arthur Pym? Y, sin embargo, ¿qué hombre de buen sentido hubiera admitido que aquel infortunado viviese después de once años? Al menos, la existencia del capitán William Guy y de sus compatriotas estaba asegurada con los recursos de la isla Tsalal, y además las notas de Patterson afirmaban que ellos se encontraban allí cuando él les había abandonado.
En cuanto a la existencia de Arthur Pym... Sin embargo, ante la afirmación de Dirk Peters-la que, lo reconozco, no descansaba en base sólida-mi espíritu no protestó, como parecía ser lo indicado. No. Y cuando el mestizo gritó.-¡Pym no ha muerto! ¡Pym está allí! ¡Es preciso no abandonar al pobre Pym!, aquel grito me conmovió profundamente.
Y entonces pensé en Edgard Poe, y me preguntaba cuál sería su actitud, tal vez su confusión, si la Halbrane llevaba a aquel cuya muerte, tan repentina como deplorable, había anunciado el célebre novelista.