Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Después de la escena de la víspera, el capitán Len Guy había descansado algunas horas. ¡Por qué obsesionantes pensamientos había sido turbado este descanso! De una parte, la esperanza del resultado de las nuevas pesquisas; de otra, la responsabilidad de tal expedición al través de la Antártida. Cuando le vi, al siguiente día, sobre el puente, en el momento en que el lugarteniente se paseaba por la popa, nos llamó a los dos.
-Señor Jeorling-me dijo-, con la muerte en el alma me había decidido a elevar la goleta hacia el Norte. ¡Sentía que no había hecho cuanto tenía que hacer en favor de nuestros desgraciados compatriotas! ¡Pero comprendía que la mayor parte de los tripulantes se pondría en contra mía si yo intentaba arrastrarla más allá de la isla Tsalal!
-En efecto, capitán-respondí.-Tal vez hubiera estallado una rebelión a bordo.
-Rebelión que hubiéramos dominado-respondió fríamente Jem West-aunque fuese rompiendo la cabeza a ese Hearne, que no cesa de excitar a sus compañeros.
-Hubieras hecho bien-respondió el capitán Len Guy.Pero, hecha tal justicia, ¿qué hubiera sido del acuerdo, del que tanta necesidad tenemos?