Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos «Llegando por el Norte, en la Jane, para tocar en la isla Tsalal, habÃamos gradualmente dejado atrás las regiones más frÃas; y aunque esto puede parecer una afirmación desmentida por las nociones generalmente aceptadas sobre el Océano antártico, era un hecho que la experiencia no nos permitÃa negar. AsÃ, intentar ahora volver al Norte hubiera sido locura, especialmente en perÃodo tan avanzado de la estación. Sólo un camino parecÃa abierto a la esperanza. Nos decidimos a seguir atrevidamente hacia el Sur, donde habÃa probabilidades de descubrir otras islas, y donde era fácil que encontrásemos clima más suave...»
Asà habÃa razonado Arthur Pym: asà debÃamos hacerlo nosotros a fortiori.
Ahora bien; el 29 de Febrero-el año fue bisiesto-fue el dÃa en que los fugitivos se encontraron sobre el Océano inmenso y desolador, más allá del paralelo 84. Nosotros estábamos a 29 de Diciembre. La Halbrane se habÃa adelantado dos meses a la canoa que huÃa de la isla Tsalal, ya amenazada por la aproximación del largo invierno polar. Por otra parte, nuestra goleta, bien aprovisionada, bien mandada, bien tripulada, inspiraba más confianza que la embarcación de Arthur Pym, aquella canoa de arboladura de mimbres, de 50 pies de larga por 4 o 6 de ancha, y que no llevaba más que tres tortugas para alimentar a tres hombres. Yo confiaba, pues, en el buen éxito de esta segunda parte de nuestra campaña.