Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Al siguiente día, 1º de Enero de 1840, año bisiesto, una ligera niebla veló el sol durante las primeras horas, y de ello deducimos el anuncio de un cambio en el estado atmosférico.
Hacía entonces cuatro meses y diez y siete días que yo había abandonado las Kerguelen; dos meses y cinco días que la Halbrane había abandonado las Falklands.
¿Cuánto duraría aquella navegación? No era esto lo que más preocupaba, sino más bien el saber hasta dónde nos conduciría al través de los parajes antárticos
Debo reconocer que la conducta del mestizo respecto a mí se había modificado, aunque no respecto al capitán Len Guy y a los tripulantes. Habiendo, sin duda, comprendido que yo me interesaba por la suerte de Arthur Pym, el mestizo me buscaba, y, para emplear una frase vulgar, nos entendíamos sin necesidad de cambiar una sola palabra. Alguna vez, sin embargo, al encontrarse a mi lado él salía de su mutismo habitual. Cuando el servicio no le reclamaba, se arrastraba hacia el banco donde yo tenía costumbre de sentarme. Después de tres o cuatro encuentros intentamos cambiar algunas palabras.