Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Los ojos del mestizo se anegaron en lágrimas. ¿Cómo no se evaporaban al fuego de sus ojos?
-Dirk Peters-le pregunté,-¿no tiene usted idea alguna del camino que Arthur Pym y usted siguieron a bordo de la canoa desde que partieron ustedes de la isla Tsalal?
-Ninguna, señor... El pobre Pym no poseía instrumentos... Ya sabe usted aparatos marítimos para mirar al sol... Durante ocho días la corriente nos ha arrastrado al Sur..., y el viento también... Buena brisa... y mar bella. Dos remos a guisa de mástiles, y nuestras camisas a modo de velas...
-Sí-respondí,-camisas de tela blanca, cuyo color atemorizaba tanto a vuestro prisionero Nu-Nu.
-Tal vez... Yo no me daba cuenta... Pero si Pym lo ha dicho, es preciso crear a Pym.
Sabía yo que algunos de los fenómenos descritos en el diario llevado a los Estados Unidos por el mestizo no parecían haber atraído la atención del ultimo; así es que tenía la idea de que tales fenómenos no habían debido de existir mas que en una imaginación sobrexcitada. sin embargo, quise obligar más a Dirk Peters en este asunto.
-Y durante esos ocho días-le dije,-¿pudisteis proveer a vuestro sustento?