Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos El 13 de Enero el contramaestre y yo tuvimos una conversación que justificó mis inquietudes respecto a las malas disposiciones de nuestra tripulación. Los hombres almorzaban en el puesto, a excepción de Drap y de Stern, en aquel momento de cuarto en la proa. La goleta hendía las aguas, impulsada por fresca brisa con todo su velamen desplegado. Francis en el timón, gobernaba al Sursudeste. Yo me paseaba entre el palo mesana y el palo mayor, mirando las bandadas de pájaros que lanzaban gritos ensordecedores; algunas de petrales iban a veces a colocarse en la punta de las vergas. No se pretendía apoderarse de ellos; hubiera sido inútil crueldad, pues su carne no es comestible. En aquel momento Hurliguerly se acercó a mí, después de haber mirado a los pájaros, y me dijo:
-Noto una cosa, señor Jeorling.
-¿Cuál?
-Que esos pájaros no vuelan hacía el Sur tan directamente como lo han hecho hasta ahora. Algunos se disponen a volver al Norte.
-Lo he advertido como usted, Hurliguerly.
-Y añado que los que están abajo no tardarán en volver.
-¿Y qué deduce usted de eso?
-Deduzco que conocen la aproximación del invierno.
-¿Del invierno?
-Sin duda.