Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -¿Le ha anunciado usted que una persona a la que usted conoce deseaba embarcarse en la Halbrane?
-Sí.
-Y ¿qué ha respondido?
-No lo que yo hubiera querido, ni lo que usted desea, señor Jeorling...
-¿Rehusa?
-Casi, casi, si es rehusar el decirme: «Atkins, mi goleta no está en condiciones para recibir pasajeros. Jamás he admitido ninguno, ni tengo la intención de hacerlo.»
III
Dormí mal. «Soñé que soñaba», y-ésta es una observación de Edgard Poe-cuando se sospecha que se sueña, se despierta enseguida. Despertéme, pues, siempre muy intrigado por aquel maldito capitán Len Guy. La idea de embarcarme en la Halbrane cuando ésta partiese de las Kerguelen había echado raíces en mi cerebro. Atkins no había cesado de prodigar alabanzas a aquel navío, el primero que, invariablemente, anclaba todos los años en Christmas-Harbour.