Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos - SÃ.
-Voy a salir.
-Si usted quiere... Yo preferirÃa.... ¿Puedo entrar en su camarote?...
-Entre usted.
El mestizo empujó la puerta y entró. Sin levantarme del catre, sobre el que estaba extendido, le hice señal de que se sentara en el sillón. Dirk Peters permaneció en pie.
-¿Qué me quiere usted, Dirk Peters?-pregunté.
-Decirle a usted..., una cosa... Compréndame usted, señor, porque me parece bien que usted sepa..., que usted solamente sepa... En la tripulación no se puede nunca sospechar...
-Si es grave y si teme usted alguna indiscreción... ¿por qué decÃrmelo?
-¡SÃ!... ¡Es preciso!... ¡SÃ!... ¡Es preciso! ¡Imposible guardar esto!... ¡Pesa mucho!... ¡Cómo una roca! Y Dirk Peters se golpeaba violentamente el pecho. Después, reprimiéndose, añadió:
-Si... Siempre tengo miedo de que se me escape durante el sueño..., que alguno lo oiga..., pues yo sueño con ello...