Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -¡Si es que alguno se aventura hasta aquÃ, capitán! Para que lo consiguiéramos nosotros, preciso ha sido que las circunstancias nos favorecieran; la precocidad de la buena estación, una temperatura superior a la normal... el rápido arrastre de los témpanos... En veinte, en cuarenta años, ¿se ofrecerán estás circunstancias una vez más?...
-AsÃ, yo doy gracias por ello a la Providencia, y me vuelve la esperanza. Puesto que el tiempo nos ha favorecido de continuo, ¿por qué mi hermano, por qué mis compatriotas no han podido encontrar tierra en esta costa, a la que los vientos y la corriente les arrastraban? Lo que nuestra goleta ha hecho, su canoa ha podido hacerlo. Ellos no habrán partido sin llevar provisiones para un viaje que podÃa prolongarse indefinidamente. ¿Por qué no han de haber encontrado allà los recursos que la isla Tsalal les habÃa ofrecido durante largos años? Ellos poseÃan municiones y armas. El pescado abunda en estos parajes; la caza acuática también. SÃ... ¡Mi corazón está lleno de esperanza, y deseo que pase el tiempo!
Sin participar por completo de la confianza del capitán Len Guy, yo me felicitaba de que hubiera vuelto a recobrar sus esperanzas.