Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos ¡Nuestra última esperanza acababa de desaparecer! Y ¡qué golpe para el capitán Len Guy! ¡SerÃa preciso buscar la tierra de la zona austral en las más bajas latitudes, sin tener nunca la seguridad de encontrarla!
-¡Apareja para virar!-fue el grito casi unánime que sonó sobre la Halbrane.
SÃ. Los reclutados en las Falklands manifestaban su voluntad; exigÃan que se diera la vuelta, aunque Hearne no estuviera allà para excitar a la indisciplina; y-debo confesarlola mayorÃa de los antiguos tripulantes parecÃa estar de acuerdo con ellos. Jem West, sin atreverse a imponer silencio, esperaba las órdenes de su jefe.
Gratián, al timón, parecÃa dispuesto a dar vuelta a la rueda, mientras que sus camaradas, las manos sobre los tacos, se disponÃan a largar las escotas.
Dirk Peters, apoyado contra el mástil de mesana, la cabeza baja, el cuerpo encorvado y la boca contraÃda, permanecÃa inmóvil, y ni una palabra se escapaba de sus labios. De pronto se vuelve hacia mÃ, y me dirige una mirada llena de súplica y de cólera.
No sé qué irresistible impulso me llevó a intervenir personalmente en el caso, a protestar una vez más. Un último argumento acababa de presentarse a mi espÃritu, argumento cuyo valor no podÃa ser negado.