Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Yo hice lo que Hurliguerly me pedía.
-¿Ve usted?-continuó él.-Que se me quite el deseo de beber mi vaso de whisky si esas masas no se mueven, no con relación a la goleta, sino con movimiento propio.
-¿Y qué deduce usted?
-Que son icebergs en movimiento.
-¿ Icebergs?
-Seguramente, señor Jeorling.
¿El contramaestre estaba en lo cierto? ¿Nos esperaba, pues, un nuevo desengaño? ¿Lo que tomábamos por tierra eran montañas de hielo en derivación?
Bien pronto no quedó duda respecto a este punto, y, algunos instantes después la tripulación no creía en la existencia de tierra en aquella dirección.

Diez minutos después el vigía anunciaba que varios icebergs descendían del Noroeste en dirección oblicua hacia la Halbrane.
¡Qué efecto más deplorable produjo la noticia a bordo!