Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Tomé, pues, la palabra resuelto a sostener mi idea contra todos, y lo hice con tal acento de convicción que nadie intentó interrumpirme.
He aquÃ, en sustancia, lo que dije:
-¡No!... ¡No debemos abandonar toda esperanza! ¡La tierra no debe de estar lejos! ¡No tenemos delante uno de esos bancos de hielo que no se forman más que en pleno Océano por la acumulación de témpanos! Son icebergs, y éstos han debido necesariamente separarse de una base sólida, de un continente o de una isla. En esta época en que el deshielo comienza, la deriva les ha arrastrado hace poco tiempo. Tras ellos debemos encontrar la costa en que se han formado. Veinticuatro horas, cuarenta y ocho a lo más, y si la tierra no aparece, el capitán Len Guy dará orden de que se ponga el cabo al Norte.
¿HabÃa yo convencido a la tripulación, o debÃa intentarlo con el ofrecimiento de una doble prima, aprovechando la circunstancia de no estar Hearne entre sus camaradas, y de no poder excitarles repitiéndoles que se pretendÃa arrastrar a la goleta a su perdición? El contramaestre vino en mi ayuda, y con alegre tono dijo: