Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -Muy bien razonado; y por lo que a mà se refiere, me rindo a la opinión del señor Jeorling. Seguramente la tierra está cerca. Buscándola más allá de estos icebergs, la descubriremos sin fatigas ni grandes peligros, ¿Qué es un grado al Sur, cuando se trata de meter algunos centenares más de doláres en el bolsillo? ¡Y no olvidemos que si son agradables cuando entran, no lo son menos cuando salen!
El cocinero Endicott asintió a las palabras del contramaestre.
-¡SÃ... muy buenos, los doláres!-exclamó mostrando dos hileras de dientes de alumbradora blancura.
¿Iba la tripulación a rendirse a los argumentos de Hurliguerly, o procurarÃa resistir si la Halbrane se lanzaba en dirección hacia los icebergs?
El capitán Len Guy tomó de nuevo su anteojo y le dirigió sobre las masas movientes, observándolas con extrema atención, y después gritó con voz fuerte:
-¡Cabo al Sursuroeste!
Jem West dio la orden de ejecutar la maniobra. Los marineros dudaron un instante. Después obedecieron y se pusieron a bracear ligeramente las vergas, a atiesar las escotas, y la goleta recobró su velocidad. Terminada la operación, me acerque a Hurliguerly, y llevándole aparte, le dije:
-Gracias, contramaestre.