Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Por lo demás, y hasta entonces, el capitán Len Guy habÃa podido tener siempre por ciertas las indicaciones del compás. El polo magnético, alejado ahora varios centenares de millas, puesto que su longitud es oriental, no tenÃa influencia sobra la brújula. La aguja, en vez de esas variaciones de seis a siete rhumbs que la agitan en la vecindad del polo, conservaba su estabilidad y podÃa uno fiarse de ella.
AsÃ, pues, a despecho de mi convicción-que, no obstante, se fundaba en argumentos serios,-no habÃa allà señales de tierra, y yo me preguntaba si no serÃa mejor poner el cabo más al Oeste y alejar a la Halbrane del punto extremo donde se cruzan los meridianos del globo.
De forma que, a medida que transcurrÃan aquellas cuarenta y ocho horas que me habÃan sido concedidas, los ánimos desfallecÃan poco a poco y retoñaba la rebeldÃa. DÃa y medio más, y no me serÃa posible combatir el general desfallecimiento. La goleta volverÃa definitivamente hacia el Norte.