Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos En medio de aquellos extremos parajes, nuestro único medio de transporte acababa de ser arrancado de su elemento natural, levantado, por la palanca de un iceberg, a una altura que pasaba de 100 pies. ¡SÃ! Lo repito; ¡qué desenlace! Hundirse en lo más fuerte de una tempestad, ser destruidos en un ataque de salvajes, ser aplastado entre dos témpanos, estos son peligros a los que se expone todo navÃo que se aventura en los mares polares. Pero que la Halbrane hubiera sido levantada por una montaña flotante en el momento en que esta montaña se volvÃa, y que hubiese encallado casi en su cima ¡no!, esto pasaba los lÃmites de lo verosÃmil.
¿Con los medios de que disponÃamos conseguirÃamos bajar la goleta de aquella altura? Yo lo ignoraba. Lo que sabÃa era que el capitán Len Guy, el lugarteniente y los antiguos de la tripulación, recobrados del primer espanto, no eran gentes que se desanimaran por terrible que fuera la situación. De esto no tenÃa yo la menor duda... SÃ... Ellos emplearÃan todos sus esfuerzos para la salvación común. Respecto a las medidas que serÃa preciso tomar, nadie lo hubiera podido decir aun.