Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos No obstante, ¡cuántos de nosotros pensábamos entonces que si sus consejos hubieran sido oídos, si la goleta hubiera tomado la dirección Norte, no nos veríamos en el duro trance de tener por único refugio una montaña de hielo en derivación! Y en esto, ¡cuál no era mi responsabilidad, pues yo había arrastrado a la prolongación de aquella campaña!
Al fin el lugarteniente apareció en el puente, y tras él Hearne.
Por milagro, ni los tabiques, ni las tablas que revestían el interior de la cala habían cedido. Hearne se deslizó a lo largo de la goleta y se reunió a sus camaradas sin pronunciar palabra, y no hubo para qué ocuparse más de él.
A las seis de la mañana la niebla se disipó por efecto del descenso acentuado de la temperatura. No se trataba de esos vapores cuya congelación es completa, sino mas bien del fenómeno llamado frost-rime, o humo helado, que se produce algunas veces en estas altas latitudes. El capitán Len Guy lo reconoció en las fibras prismáticas, con la punta dirigida en sentido del viento, que lanzaba la ligera costra depositada sobre los flancos del ice-berg. Los navegantes no confunden este frost-rime con el hielo blanco de las zonas templadas, cuya congelación no se efectúa sino después de estar depositado en la superficie del suelo.