Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos Entonces se pudo apreciar el grueso del macizo, sobre el que estábamos como moscas sobre un terrón de azúcar, y, seguramente, vista desde abajo la goleta, no debía de parecer mayor que la yola de un barco de comercio. El iceberg cuya circunferencia parecía ser de 300 a 400 toesas, medía de 130 a 140 pies de altura. Debía, pues, según los cálculos, hundirse en una profundidad cuatro o cinco veces más grande, y, por consecuencia, pesar millones de toneladas.
He aquí lo que había sucedido:
Después de haber sido minado en su base por el contacto de aguas más cálidas, el ice-berg se había levantado poco a poco. Cambiando su centro de gravedad, el equilibrio no había podido restablecerse más que por un vuelco brusco, que puso sobre el nivel del mar lo que estaba bajo él. Cogida en estas condiciones la Halbrane, fue alzada como con el enorme brazo de una palanca. Gran número de icebergs se vuelven así en la superficie de los mares polares, y éste es uno de los mayores peligros a que están expuestos los navíos. En una hendidura de la parte Oeste del ice-berg estaba sujeta la Halbrane; inclinada sobre estribor, la popa en alto, baja la proa.