Esfinge de los hielos

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EL GOLPE DE GRACIA.

-¡A la faena!-había dicho el capitán Len Guy, y desde la tarde de aquel día, todos se pusieron animosamente a ella. No había tiempo que perder. Todos comprendían que la cuestión del tiempo era la más importante de todas. Respecto a los víveres, la goleta poseía los suficientes para diez y ocho meses sin tener que acortar la ración. De forma que el hambre no era de temer, ni la sed tampoco, por más que las cajas de agua, rotas en la sacudida, hubiesen dejado escapar el líquido que contenían.

Afortunadamente, los toneles de ginebra, de whisky, de cerveza y de vino colocados en la parte de la cala que había sufrido menos, estaban casi intactos. Por esta parte nada teníamos que lamentar, y ice-berg iba a suministrarnos agua dulce.

Se sabe que los témpanos, ya estén formados por agua dulce o por agua del mar, están desprovistos de sal. Al transformarse los líquidos en sólidos, se elimina el cloruro de sodio. Es, pues, de poca importancia que el agua potable se obtenga de los témpanos, de una u otra procedencia, por más que se debe preferir la que proviene de ciertos bloques, fáciles de conocer por su coloración casi verdosa y su perfecta transparencia. La lluvia solidificada es la más conveniente para bebida.


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