Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos No hay que decir que el cargamento, los mástiles, anclas, cadenas y demás aparatos no habÃan sido puestos a bordo. El casco era por sà muy pesado, poco manejable, y convenÃa aligerarla cuanto fuera posible. Cuando la goleta hubiera encontrado su elemento, el armarla de nuevo serÃa negocio de algunos dÃas.
En la tarde del 28 se tomaron las últimas disposiciones. HabÃa sido preciso apuntalar el lecho en algunos sitios donde la fusión del hielo se acentuaba. Después, desde las cuatro de la tarde, se permitió descansar a todo el mundo. El capitán Len Guy hizo entonces distribuir doble ración a sus hombres, que realmente merecÃan este suplemento de whisky y de ginebra, pues habÃan trabajado rudamente durante aquella semana.
Repito que toda tentativa de rebelión parecÃa haber desaparecido desde que Hearne no excitaba a sus compañeros. Puédese afirmar que toda la tripulación no se preocupaba más que de la capital cuestión del lanzamiento...
¡La Halbrane en la mar significaba la partida... la vuelta!...
¡Verdad que esto, tanto para Dirk Peters como para mÃ, significaba el definitivo abandono de Arthur Pym!