Esfinge de los hielos
Esfinge de los hielos -DeberÃa trataros como a malhechores, y, no obstante, sólo quiero miraros como locos... Está canoa no es de nadie: ¡es de todos! Ahora es nuestro único medio de salvación... y habéis querido robarla... robarla miserablemente... Entended bien... lo que por última vez os repito... ¡La canoa de la Halbrane es la misma Halbrane! ¡Yo soy su capitán, y desdichado del que no me obedezca!
Y al pronunciar estas últimas frases, el capitán Len Guy miraba a Hearne... Por lo demás, éste no habÃa figurado en la última escena (ostensiblemente al menos). Sin embargo, nadie dudaba que hubiese inspirado a sus compañeros el pensamiento de apoderarse de la canoa y que proyectase excitarles aun.
-¡Al campamento!-dijo el capitán. Tú, Dirk Peters, quédate aquÃ.
Por toda respuesta el mestizo movió su gruesa cabeza y se instaló en su puesto.
La tripulación volvió al campamento sin la menor resistencia. Unos se extendieron sobre sus petates; otros se dispersaron por los alrededores.
Hearne no intentó reunirse a ellos ni acercarse a MartÃn Holt. Al presente los marineros estaban reducidos a la ociosidad, y no quedaba más que examinar aquella situación y ver los medios de salir de ella.
El capitán Len Guy, el lugarteniente y el contramaestre se reunieron en consejo, y yo me unà a ellos.